LA INSTITUCIÓN

Desde 1974 OPNI estructura y adelanta programas para la protección de niñas y adolescentes que habitan en la calle o han abandonado sus hogares, rescatándolas del marginamiento social y económico para elevar su estatus personal y social mediante la adecuada re/habilitación, capacitación y apoyo. OPNI tiene tres sedes para el desarrollo de su función social y cuenta con un grupo profesional especializado de apoyo que desarrollan en conjunto con las niñas y adolescentes y su red de apoyo el Modelo de Intervención propio, diseñado para la población atendida, acorde con los tiempos previstos por la Ley colombiana.

OPNI trabaja para instituir, restituir y proteger los derechos  a niñas y adolescentes con antecedentes callejeros o en condición de amenaza o vulneración, cualquiera sea su condición socioeconómica, racial o religiosa ofreciéndoles un espacio y un proyecto institucional integral y sistémico dirigido a facilitar su desarrollo físico, intelectual, emocional, social y cultural, con miras al fortalecimiento del vínculo familiar, a la inclusión social y a su pleno desarrollo personal como mujeres capaces de transformarse y transformar su entorno.

OPNI será reconocida como una entidad comprometida socialmente, que mediante altos estándares de calidad proporciona a niñas y adolescentes en condiciones de vulnerabilidad y amenaza, las herramientas adecuadas para su rehabilitación y para la reconstrucción de núcleos familiares.

Nuestra historia

Fundacionwebsitenosotros_03Fue por agosto de 1974 cuando los esposos Alfonso Palacio Rudas, en ese entonces Alcalde de Bogotá y Magola Santofimio de Palacio, quienes muy preocupados por el abandono en que vieron a un grupo de niñas y adolescentes, para entonces llamadas “gaminas”, que propusieron hacer un programa para esta población, teniendo en cuenta que solamente las niñas y adolescentes eran rescatadas en programas específicos para este tipo de población. Con el dinamismo y entereza de Doña Magola, esta idea se echó a andar y el 8 de noviembre de ese mismo año, con un grupo de señoras ibaguereñas y bogotanas, se le dio vida jurídica a esta idea con el nombre de Organización Pro Niña Indefensa – OPNI y cuyo lema fue “Educar una niña es educar una familia”.

La primera sede se localizó en la carrera 5ª con calle 70 donde las niñas y adolescentes llegaban atraídas por la posibilidad de tomar algo caliente, darse un baño, tener una muda de ropa limpia y pasar un rato de esparcimiento con las señoras voluntarias sin que tuvieran que internarse. Fueron llegando nuevas niñas y adolescentes que se encariñaron con el programa y poco a poco se fue promoviendo en ellas un cambio en su estilo de vida.

El grupo de niñas y adolescentes fue creciendo y también sus necesidades; se convocaron nuevas voluntarias y voluntarios que decidieron formalizar el internado y su programa de atención con educadoras, trabajo social, médico y odontólogo. Se enfrentaron grandes retos y se realizaron múltiples actividades y eventos que le permitieron a OPNI la solidez requerida para enfrentar esta nueva etapa.

Fundacionwebsitenosotros_03Ante la demanda de nuevas niñas y adolescentes que se acercaban y solicitaban el apoyo de OPNI, el espacio de la casa fue insuficiente; ante lo cual se determina desplazarse hacia las zonas en donde se escondían y refugiaban para el consumo de tabaco, marihuana o licor y abre su nuevo internado en el barrio Ricaurte con mayor capacidad para prestar la atención integral requerida.

Se presentan más solicitudes de niñas y adolescentes para ingresar al programa y Doña Magola realiza gestiones para la consecución en comodato de un lote en la carrera 30 con calle 63 y montar una nueva sede dotada con dormitorios, canchas deportivas, salones y mayor comodidad. “Llegamos a ser más de 89; íbamos al colegio acompañadas por las voluntarias, nos ayudaban a estudiar, aprendíamos muchas cosas y cuando cumplíamos la mayoría de edad nos financiaban la Universidad o los estudios técnicos”, narra una de las niñas.

Con el transcurrir del tiempo hay que entregar esta sede; se realizan diversas actividades para la consecución de nuevos recursos y con el apoyo de la señora Nohora de Pastrana se gestiona ante la comunidad japonesa en Colombia la construcción en Guasca y se hace realidad la nueva sede. “La finca es linda y se siente mucha paz, estábamos felices porque nos llevaban de paseo algunos domingos a visitar la finca y que ahora es nuestra casa, ¡que felicidad!, la historia es larga, pero narramos brevemente lo que permite este corto espacio” describe otra niña. Simultáneamente, hoy el programa continúa en la Sede de Acogida en el barrio Ricaurte.